Güejar Sierra – Toril – Miguelejos – Quentar

Excursión realizada el día 10 de enero 2016.

Se trata de un trayecto de dificultad alta que da comienzo en Güejar Sierra y termina en Quentar. La distancia cubierta se situó en torno a los 27 km.

Comenzamos el año con una excursión muy completa, de las que te aseguran el bajar cenas, turrones y polvorones. Un reto para ponernos a tono y poder contemplar la sierra haciendo honor a su nombre, Sierra Nevada.

Tiene inicio la ruta en Güejar Sierra a donde nos desplazamos en autobús de línea. Nada más bajar se ajustan polares y cortavientos, se coloca la mochila, se sacan los bastones y comienza la subida hacia la parte norte del pueblo. Pasada la primera cuesta se alcanza la fuente de los 16 caños y se sale de los lindes de Güejar en dirección al Toril.

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Sigue y sigue la cuesta y es que este es un día de mucho ascender. De hecho, cuando coronemos el Pico Miguelejos nos habremos metido 1000 metros de desnivel entre gemelo y pulmones, con muy pocos momentos de llaneo. Pero llega más adelante.

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Hacia el Toril
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Vista de Güejar Sierra y el Pantano de Canales según ascendemos

Como digo, ascendemos y ascendemos, entre fuerte olor a tomillo. Algunos cerezos desconcertados andan en flor, solitarios aquí y allá, en busca de la primavera. El resto de la vegetación se aferra al suelo como aulagas, romero o cojín de monja.

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Ese domingo el viento comienza a soplar, como alterado por nuestra presencia, y se esfuerza más y más a medida que ascendemos. En el rellano del Toril, a la vista el otro lado de la montaña, su soplido inmisericorde nos obliga a buscar cobijo en las peñas mientras descansamos, poco para no enfriarnos.

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Alcanzamos algo después, terminada otra cuesta, en un promontorio de magníficas vistas, los restos de trincheras y algún búnker de la guerra civil. El lugar, melancólico, el soplido del viento y el silencio como compañeros allí donde en otros tiempos hubo armas, ira y miedo, es elegido para desayunar. A cada bocado, de reojo, nos contempla la sombra del pasado a través del oscuro matacán de la estructura de hormigón.

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Volvemos al camino y nos dirigimos al Cerro de Calar. El viento que viene de Sierra Nevada crece en dirección norte y nos golpea de lado, pero el sol nos permite contemplar las montañas desde la lejanía. El Corral del Veleta rodeado de misteriosas nieblas.

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Algunas nubes de extraña factura viajan por los cielos sin llegar a cubrirnos.

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Camino del Cerro de Calar

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Desde el Cerro de Calar continuamos, ahora en ligera pendiente abajo, en dirección al Pico Miguelejos. Justo antes de comenzar a subir un nuevo desnivel nos topamos con una manada de vacas que andan a lo suyo y a las que apenas preocupa nuestra llegada.

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Desde ese punto parte del grupo decide regresar a Güejar Sierra por incompatibilidad de horarios con el autobús de Quentar, que sale a las 19:00 los domingos. Otros reunimos fuerzas y empezamos a ascender.

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Mojón Alto, La Atalaya y Picón de Jérez desde el Calar

Dejamos atrás otros restos de construcciones, los Parapetos y comienza la dura ascensión hasta el pico de los Miguelejos. Ahora sí el viento parece furioso de verdad y nos azota sin contemplaciones por la espalda y por los lados. La sensación térmica baja bastante y, los pocos que aún no lo habían hecho, sacan guantes y gorros. Ya casi me había olvidado que estamos en invierno. El sol, tibión, ayuda a sobrellevar la ventolera. Y así llegamos a lo alto, no muy lejos del vértice geodésico. Buscamos cobijo y comemos con las manos mitad en el bocadillo, mitad en el bolsillo.

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Hemos alcanzado a estas alturas los 2000 metros más o menos. El resto de la excursión será casi toda hacia abajo. Pasamos junto a una pequeña sima bastante escondida en el lateral de un hoyo que nos señaló Luis, pues la conoce por la práctica de la espeleología. Descansaban allí brillantes y limpios de carne los restos de una oveja que al parecer debió caer hace algún tiempo. Desde ahí tomamos dirección hacia el Cortijo de la Gitana y después de transitar un bonito sendero llegamos a unos arenales. Es fácil  a partir de ese momento continuar en dirección a Quentar, dejando a la derecha a mitad de ese camino el pantano del mismo nombre.

A eso de las 18:15 entramos al pueblo, paseamos un poco por sus estrechas y pintorescas calles y esperamos la llegada del autobús a Granada en un bar cercano, probando alguno de nosotros el renombrado mosto de la zona como merecida recompensa.

Nota: las fotos de esta entrada pertenecen a Alicia, Pedro y Rafael. Gracias a ellos y a todos los que me ofrecieron sus fotos y sus cámaras (Celia, Rosario, M. Angustias, Angus y espero no dejarme a nadie) este día en el que la mía se había roto.