Bérchules – Acequia de las Castañas – Mecina Bombarón

Excursión realizada el día 6 de noviembre 2016.

Se trata de un trayecto de dificultad baja que da comienzo en Bérchules y finaliza en Mecina Bombarón, en las Alpujarras. La distancia cubierta se situó en torno a los 15 km.

Se acerca el invierno, como sugieren en el mundo de Juego de Tronos, y comienza a notarse por fin en Granada que parecía no querer dejar atrás el verano. Durante la semana las previsiones no eran muy halagüeñas para el lugar que habíamos escogido como siguiente destino. No obstante, al llegar el domingo, la lluvia del día anterior cesó y dio paso un día radiante, soleado y algo fresco, ideal para caminar.

Empezamos nuestro recorrido tras un largo viaje en autobús en el pueblecillo alpujarreño de Bérchules. Localizamos sin dificultad el camino de la GR7 y proseguimos en dirección noreste. Encontramos poco después uno de los pocos desniveles que debemos superar en forma de escarihuela. Tomamos altura con rapidez, unos 200 metros, girando hacia el sureste y nos asomamos, desde la falda de la sierra, a un precioso balcón que nos ofrece una perspectiva completa de Bérchules.

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Panorámica de Bérchules y Alcútar.

Ascendemos un poco más y dejando atrás las ruinas de un refugio para pastores elegimos un lugar para desayunar. Es algo pronto pero el viaje hasta Bérchules ha sido largo y la excursión prevista, invita al descanso y la contemplación.

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Desayunando, charlando, pensando…

Continuamos el camino por la GR7 que se transforma en carril fácil de seguir. A nuestro paso, desde que salimos de Bérchules, hemos visto numerosos ejemplares de árboles que muestran por fin los colores del otoño y entremezclan el verde vivo con el ocre, el marrón aterciopelado y el rojo intenso. Predominan los castaños pero no faltan almendros, madroños, almeces, álamos o nogales. También algunas plantaciones de vid.

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Pasan los primeros 5 kilómetros y llegamos a Mecina Bombarón. Este bonito pueblo blanco será nuestra meta, pero no aún. Desde él vamos a recorrer la Acequia de las Castañas.

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Vivienda en Mecina Bombarón.

Y como no puede ser de otro modo, nos adentramos tras una cuesta pronunciada que nos saca del pueblo, en el reino de los castaños, en la que seguramente es su mejor época. Los frutos y las hojas pueblan el suelo por donde quiera que se pise. Algunos de ellos poseen un grosor de tronco que nos habla de su tremenda vejez. Cientos de años nos contemplan.

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Castañas, castañas everywhere 🙂
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La acequia nos acompaña a nuestra izquierda buena parte del camino.

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El agua ondulante y transparente nos permite contemplar en el lecho del río multitud de castañas, como si se tratara de una extraña ensoñación.

Las palabras no hacen justicia a la belleza del entorno. Un auténtico placer para degustar con calma.

En determinado punto torcimos hacia la izquierda y ascendimos un corto tramo con fuerte desnivel. Allí se junta con otro sendero, más bien carril, que nos llevará de vuelta con facilidad a Mecina Bombarón. Existe la opción de continuar hasta la toma de la acequia pero no quisimos arriesgar dado que llevábamos unos tracks que no contemplaban esa prolongación.

El regreso es casi todo por llano con ligerísimo descenso. Tan solo debemos estar atentos para descender hacia el pueblo en el punto correspondiente, marcado por líneas amarillas y blancas

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Plaza principal de Mecina Bombarón, vista al regresar.

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Restábal – Saleres – Albuñuelas

Excursión realizada el día 13 de diciembre 2015.

Se trata de un trayecto de dificultad baja que da comienzo y finaliza en el pueblo de Restábal. La distancia cubierta gira en torno a los 10 km.

Esta excursión resulta un tanto atípica para lo usual en el club Senderos y se debe a que coincidía con una comida de Navidad y despedida del año, lo que nos obligaba a acortar el itinerario para llegar a tiempo al restaurante.

Comenzamos en el pueblo de Restábal, muy cercano al embalse de Béznar, ya en el Valle de Lecrín. Allí se aprovecha la GR-7, esa ruta de la que ya anduvimos un trecho no hace mucho en la zona de las Alpujarras orientales, cuando estuvimos en Laroles y Válor. Saleres, el siguiente hito del itinerario, se encuentra a un kilómetro y medio de vergel Mediterráneo a base de parterres de naranjos y limoneros, todos ellos henchidos de frutos de buen color. En otras épocas la zona debe ser embriagadora con el olor del azahar.

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Los mapas marcan que esta parte de la GR-7 tiene el nombre de Calle San Cristóbal, hasta que se junta con la carreteruela GR-3300. Prácticamente, toda esta parte es llana y se dirige, en dirección oeste, hasta llegar a Saleres en un corto espacio de tiempo.

Dejamos el pueblo de Saleres por su linde sur, atravesando el puente sobre el río Albuñuelas. Desde ese momento, juguetón, el río nos irá entrecortando aquí y allá el camino, el cauce que él mismo no llega a cubrir.

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Sorteando el río Albuñuelas.

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Avanzado un trecho vemos en dónde se apaga parte de su caudal y es que la mano del hombre ha construido una presa que limita el posible furor de sus crecidas.

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La presa.

Sorteamos la construcción y dejando a la izquierda algún que otro sendero de dudoso pero atractivo recorrido y a la derecha el legamoso estanque formado por la presa. Falta poco para llegar a Albuñuelas, el punto más occidental de nuestro camino.

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Otros senderos para recorrer en el futuro.

En este momento nosotros nos apartamos y cruzamos un parterre privado, donde descansamos, con la anuencia de la dueña que era, a la postre, nada menos que nuestra guía. Los que quieran imitar nuestra excursión deberán llegar hasta Albuñuelas y seguir la margen del río, que en esa zona cambia el nombre a Saleres, según dice Google Maps, y superar el puente de su lado más hacia el oeste, para comenzar la ascensión por el sendero que nosotros cogimos tras el desayuno.

Toca subir, porque nos vamos a elevar por encima del valle. Un sendero agradable y no demasiado empinado nos va tomando la medida. En su ribera comienzan a maridarse, junto a los cítricos, los olivos, algunos cargadísimos de aceitunas que ya toca recoger, como vimos en directo. También algunos almendros, estos ya bastante pelados y con alguna almendra agarrada a la rama, como negándose a reconocer que llegó el invierno. No sin razón, vistas las temperaturas y la pluviosidad.

Todo el ascenso nos lleva a atravesar el Barranco de las Cabezuelas, coger una pista forestal y superar el Arroyo de las Adelfas. En estos tramos la pendiente sigue subiendo para dejar atrás el valle y nos deja finalmente en la llanura superior, en un paraje menos frondoso y más seco.

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Vista hacia el sur. Detrás de nosotros estaría el valle.

Va llegando así el final de la pendiente, momento en que dejamos de dirigirnos al sur y cogemos la pista que nos va a devolver a Restábal. De camino vemos desde lo alto, no demasiado lejos, como echados al sol, Albuñuelas, Saleres y el propio Restábal.

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Curioso el detalle del tejado de la Iglesia, con sus tejas más claras haciendo una cruz que solo puede verse desde lo alto.

Ya casi hemos terminado. Más tarde cogemos un sendero que desciende zigzagueando hasta el suroeste de Saleres y cuando nos queremos dar cuenta estamos de nuevo en el puente sobre el río Albuñuelas.

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Deshacemos el trayecto y llegamos con tiempo sobrado para disfrutar de la comida.

Laroles-Válor (Alpujarras)

Excursión realizada el día 15 de noviembre 2015.

Se trata de un trayecto de dificultad baja que transcurre entre las localidades de Laroles, Júbar, Mairena, Nechite y Válor. El espacio recorrido rondó los 17 km.

Se deja Laroles por el oeste y pronto se toma un sendero con desnivel progresivo que avanza hacia el noroeste hasta llegar a un pequeño estanque natural cubierto en estas fechas por hojas amarillas y ocre de castaño.

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El río Laroles estancado y cubierto de hojas.

Justo al cruzar el paso por ese pequeño remanso de agua comienza el único repecho importante de subida que nos eleva rápidamente mientras a la derecha, en esta ocasión, nos contemplaban algunas cabras montesas desde el otro lado de la garganta formada por el río de nombre también Laroles.

Una vez superado el escollo seguimos el sendero que nos dirige hacia la acequia (Acequia Real) y el castañar. Pronto se reduce el espacio del camino rodeados a uno y otro lado por los árboles de hoja a veces verde, a veces amarillo-rojiza, y acompañados en todo momento por el ruido constante del agua que corre aprisionada por el hombre. El suelo está alfombrado por un manto de resbaladizas hojas y moteado de castañas, muchas de ellas dulces y de buen tamaño.

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Entre la acequia y los castaños.

En ocasiones se puede contemplar un orgulloso ejemplar de gran tronco y rugosa piel. En otras, amenazante y brillante al sol como una osamenta, el pelado y huero recuerdo de uno de estos árboles. Al fin se llega hasta donde se yergue el castaño milenario, uno de los más viejos testigos del paso del tiempo en la zona, mudo, de brazos prominentes y cansados, piel gruesa y gris y tamaño descomunal.

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El castaño milenario.

No mucho después y siguiendo el sendero se llega a un puente de madera y a una ligera catarata producida por el cierre y canalización del río Laroles, que bien merece la visita.

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El principio o el final de la Acequia Real.

A partir de ahí toca dar la vuelta y regresar hasta el punto en el que se produjo el ascenso.

De vuelta seguimos a partir de ese momento la GR7, marcada en los postes con una línea roja. Apenas hay desniveles y las vistas son realmente impresionantes desde la altura a la que nos encontramos (algo más de 1.100 metros).

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Laroles desde la lejanía.

De este modo iremos recorriendo los bonitos y tranquilos pueblos alpujarreños de Júbar (con una Iglesia de inmejorables vistas, al parecer del siglo XII, nada menos), Mairena que recuerda sus molinos a la entrada, Nechite y, tras superar el río del mismo nombre, Válor.

En este lugar da fin la caminata, al menos en esta ocasión.