Lagunas de Sierra Nevada

Con la llegada del verano cierta molicie se apoderó del autor de este blog por lo que se refiere a dar noticia de las excursiones. No obstante ni mucho menos dejaron de realizarse caminatas y salidas, buena parte de ellas por la alta montaña, con la idea de combatir los calores que aún no nos han abandonado.

Empiezo con esta una serie de entradas que no seguirán el formato habitual y en las que me voy a limitar a ponerme al día y ofrecer, a los interesados, algunas fotos de nuestra hermosa Sierra Nevada.

En esta ocasión me retrotraigo al domingo 26 de junio, cuando aún sobrevivían no pocos neveros en las cumbres. El itinerario que seguimos en dicha excursión comenzó en la Hoya de la Mora hasta llegar a la Carihuela.

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Todavía me pregunto a quién se le ocurrió el dibujo de esta señal

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Luego algunos tomamos el camino de la cadena.

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Para descender poco a poco a las lagunas de las terrazas y más tarde a la de las cabras.

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Desde ese punto ascendimos el inefable Canuto.

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Y por la otra parte llegamos a las lagunas de Río Seco, que nos ofreció un paisaje simplemente espectacular a medio deshielo, combinando colores ocres, blancos y azules.

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Desde allí, después de comer, ascendimos para recuperar el camino entre La Carihuela y el Mulhacén y nos dirigimos hacia la primera. Una vez en ese punto desandamos el trayecto hasta la Hoya de la Mora otra vez.

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Aproveché entonces para acercarme a la Virgen de las Nieves.

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En los próximos días espero ponerme al día y dar cuenta de algunas de las numerosas salidas realizadas en julio e incluso en agosto, ya fuera de programa.

El Dornajo – Refugio San Francisco – Camino Sabinas

Excursión realizada el día 15 de mayo 2016.

Se trata de un trayecto de dificultad media que da comienzo y finaliza en la carretera A-4025, a pocos kilómetros de El Dornajo (Sierra Nevada). La distancia cubierta se situó en torno a los 20 km.

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En esta ocasión nos desplazamos a la zona alta de Sierra Nevada, cosa que nos va a ir demandando cada vez más la climatología. El caso es que la excursión prevista inicialmente pasaba por Piedra Resbaladiza y llegaba al Mojón del Trigo pero tuvimos que modificarla por los abundantes neveros que iban ganando espacio con la altura y que hacían difícil ascender sin crampones.

Dejamos los coches avanzada la carretera A-4025 y comenzamos a ascender.

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Nuestro primer hito y zona de descanso prevista para desayunar era el Refugio de San Francisco, un vetusto edificio cerrado, recuerdo de los primeros pasos del senderismo, la escalada y el esquí en Sierra Nevada.

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Aprovechando las gafas polarizadas para hacer experimentos fotográficos. Conste que Pedro fue el primero.
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Cartel en las inmediaciones del refugio
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El albergue y el antiguo observatorio, vistos desde el refugio

Desde allí tomamos dirección sureste por el sendero que se dirige a Piedra Resbaladiza.

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Comienza un descenso pronunciado hasta llegar al ríachuelo que desciende de lo alto de la montaña, el Arroyo de San Juan.

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Un puente, siendo generosos con el nombre, nos ayuda a sortear el Arroyo de San Juan

Superado el obstáculo, tomamos el camino de la Acequia de Mesa de Haza. Por el mismo lugar regresemos algunos, mientras otros hicieron una ruta que pasaba por la Acequia de Hoyo Puente, paralela a esta pero algunos metros más arriba de la falda de la loma.

Al regresar dejamos el desvío anterior al Arroyo de San Juan y seguimos en dirección a Piedra Resbaladiza, donde nos topamos con un salto de agua memorable. El agua del deshielo prorrumpe con fuerza y forma una contundente y sonora cascada.

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Después de pasar el rato contemplando y fotografiando el tumultuoso torrente, retornamos en dirección al Refugio de San Francisco. Desde allí, en dirección oeste, seguimos el sendero, cada vez más nevado.

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Llegamos a encontrarnos con la carretera que pasa junto al Albergue Militar General Oñate y enfilamos el último tramo de la excursión por el Camino de las Sabinas, ahora en constante descenso.

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Con cuidado vamos bajando puesto que hay zonas embarradas y encharcadas que dificultan un poco el tránsito. Llegamos entonces a los restos de una construcción desvencijada en la que hacemos parada para reagruparnos y algunos examinamos una cueva cercana.

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El resto del camino alcanza una pista que nos lleva a la zona donde hemos aparcado los coches. Desde ahí retornamos a Granada no sin hacer antes una paradita en el Restaurante Las Víboras para tomar algo y comentar la jornada.

Hasta aquí la mini-crónica. Como siempre, agradezco las informaciones y fotos aportadas por los miembros del club. En esta entrada hay fotografías de Angus, Pedro Pedrosa y Rafael.

Dílar – Silleta del Padul

Excursión realizada el día 1 de mayo 2016.

Se trata de un trayecto de dificultad media que da comienzo y finaliza en el pueblo de Dílar, Granada. La distancia cubierta se situó en torno a los 20 km.

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Se trata de un recorrido bastante bien señalizado en el que lo único que puede despistar al principio es la salida en dirección sur. El buen día que nos hizo y la cada vez más evidente llegada de la primavera nos permitió disfrutar de una excursión agradable y vislumbrar numerosa flora, nada más salir de la zona de olivares y el posterior campo de trigo verde intenso.

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A la salida del pueblo, Castillo del Marqués de Dílar (S. XIX). Se toma el camino de la derecha
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Cartel indicador. Nosotros seguimos el sendero de Cuevas de los Bufaos
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El grupo se dispersa, cosa rarísima
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Los cereales verdes nos rodean según avanzamos…
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… para dar paso a las flores silvestres
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Flores de espino albar (crataegnus monogyna)

La flora de la zona es riquísima y nos detiene a cada momento el deseo de contemplar los especímenes y comentar con los botánicos del grupo (especialmente Mª. Victoria) el nombre y variedad de cada una. El elenco, incompleto, incluye: dientes de león, barbas de chivo (tragopogon), jaras de flor rosa y blanca, tulipanes y orquídeas silvestres, rucas (eruca vesicaria), almorta de monte (lathyrus cicera), peonías, jopos, piornos, nazarenos (muscari neglectum), iberis, ranúnculos, amapolas…

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Rucas (eruca vesicaria)
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Orquídeas silvestres
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También dejamos a los bordes del camino algunos almendros, encinas y pinos

Después de una subida pronunciada se alcanza el primer hito de la excursión: la silleta del Padul, desde la que se ofrecen unas vistas que abarcan larguísimas distancias en dirección norte y sur, como si se desplegara un mapa topográfico en el que no es difícil determinar qué pueblo es cada uno de los que alfombra el paisaje.

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Parte de nuestra comitiva junto al vértice geodésico

Más tarde nos desplazamos hasta la piedra ventana, espectacular accidente del terreno en el que el hueco horadado en una piedra crea un enmarcado mirador.

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Algunos valientes posan en el borde de la piedra ventana

Desde aquí desandamos unos metros y retornamos al camino que nos lleva hacia la Ermita Vieja de Dílar.

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Al llegar allí hicimos una parada para comer, descansar y si nos descuidamos, echar una cabezadita. El lugar y el tiempo invitaban a ello. No obstante nos levantamos y continuamos en dirección a la Ermita Nueva y finalmente hasta alcanzar nuestra meta, el pueblo de Dílar.

Una vez más aprovecho para dar las gracias, por poner a mi disposición sus fotos, a Padial, Rafael, Mª Victoria y Pedro. También a Mª Victoria por ayudarme a identificar cada planta.

Dehesa del Camarate

Excursión realizada el día 17 de abril 2016.

Se trata de un trayecto de dificultad media baja que da comienzo y finaliza en el carril que hay al sur de Lugros, Granada. Puesto que en esta ocasión fuimos sin track ni gps no tengo seguridad respecto a la cantidad de kilómetros recorridos, aunque debió rondar entre los 15 y los 20 kilómetros.

Para acceder al inicio de esta excursión existen varias posibilidades. La más sencilla y menos arriesgada si se carece de coche 4×4 es dar comienzo en el propio pueblo de Lugros o bien dejando el coche aparcado justo en el carril que se desvía hacia el oeste poco antes de llegar al pueblo. Un vehículo que no haya miedo de meter por pista de arena compacta con algunos baches puede llegar bastante más al sur por ese mismo carril, aunque tendrá que valorar donde aparca.

Comenzamos el itinerario en nuestro caso apenas a unos metros de la puerta de entrada al Camarate. Se abre la puerta-cancela del lateral y casi inmediatamente nos topamos con los restos de una ermita o pequeña iglesia estratégicamente ubicada para asegurar a los antiguos dueños del cortijo sus misas semanales.

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La pequeña iglesia abandonada

En ese punto hay un carril bien indicado y un cartel pétreo que nos advierte que vamos en la dirección correcta.

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A la izquierda se aprecia el carril

Asciende poco a poco el camino que vamos siguiendo hasta determinado momento en el que nosotros lo abandonamos. La ruta circular más transitada se nos queda algo pequeña y elegimos realizar algo similar pero a mayor altura y por senderos. De este modo vamos, más o menos, por la falda del Puntal de la Cunilla, en dirección relativa hacia las Catifas elevándonos rápidamente sobre el terreno circundante. El tiempo, que anda tan loco como corresponde a la primavera, un rato nos llueve ligeramente, otro nos calienta con su sol, otro nos cubre con algo de niebla.

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La típica foto del arcoiris. Muy cerquita encontramos las gafas de Juan Manuel, ¡¡¡un año después!!!

La vegetación de la zona es muy variada y me atrevo a imaginar que en pocas semanas, cuando haya florecido, será un espectáculo delicioso moteado de verdes prados, cerezos blancos y miles de flores en plena eclosión. Aparte de los mencionados cerezos nos topamos con robles, tejos, encinas, serbales, arces…

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El sendero a veces queda oculto por las hojas de roble
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Por aquí y por allá nos cruzamos con pequeños arroyuelos que bajan la cuesta para encontrarse con el río Alhama
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Mirada hacia delante…
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… y mirada hacia atrás

Hacemos parada en un bonito prado para desayunar. Desde la posición ganada se contempla bien todo el paraje y se puede seguir con la mirada el sendero hacia el tentadero o placita de toros por el que transita un grupillo de excursionistas.

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El tentadero a nuestros pies. Kilómetros y kilómetros de extensión a la vista, en la lejanía hacia el norte
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Jacinto comoso, nazareno o hierba del querer, que todos esos nombres, y más, tiene esta bonita flor

Empezamos a girar hacia el este siguiendo un carril que se cruza con una acequia que al parecer se reformó y recuperó hace tiempo pero ha vuelto a quedar abandonada.

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Acequia

En esta zona y dada la altura apenas encontramos árboles. Sí se ocultan algunos neveros esparcidos en aquellos lugares en los que el sol no ejerce todo su rigor. Pasamos no muy lejos de la Peña, Piedra o Hato (por los tres nombres lo he visto nombrar) de los Soldados.

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Un nevero se agarra al lateral del carril

En determinado momento el camino que seguimos se cruza con el Sendero Sulayr (GR-240), una ruta que tiene muy buena pinta y espero añadir en el futuro a las ya hechas.

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Cruzamos la gran ruta 240

El rodeo está hecho y ahora nos encaminamos en dirección norte, noroeste, descendiendo poco a poco.

Si antes he hablado de la flora, debo decir que tuvimos la fortuna de toparnos con varios especímenes de fauna que a buen seguro hubiera sido improbable vislumbrar si no fuera por lo reducido de nuestro grupo y el silencio o voz queda con la que deambulamos buena parte del camino. Aparte de varias reses con aspecto de bravas, a las que evitamos por prudencia, se echaron a correr delante de nosotros primero un jabalí de mediano tamaño y más tarde un zorrillo con el que casi nos chocamos en una revuelta del camino.

Volviendo a la excursión, aprovechamos otra praderilla para comer y charlar de todo un poco.

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Un tejo muerto vigila nuestro almuerzo

También vimos un grupillo de caballos, incluyendo un potrillo que no debía tener más de un mes. No sale en la foto porque no queríamos molestar a los animales y el pequeño se ocultaba detrás de su madre todo el tiempo

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Parte del grupo, incluyendo otro potro algo más mayor

Avanzada la jornada llegamos al final del camino cruzando el río Alhama, ya casi al lado de la cancela.

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Llegamos al punto inicial

Al recoger el coche tenemos la oportunidad de ver varios ternerillos bien acicalados a base de lametones por sus ocupadas madres. Es hora de poner rumbo al hogar.

Aprovecho para dar las gracias de corazón a Juan Manuel, que apareció providencialmente cuando empezaba a valorar rendirme y volver a casa sin hacer la excursión.

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Juan Manuel: track, gps, enciclopedia y buen compañero, todo en uno

Ermita de Cabra – Zuheros

Excursión realizada el día 3 de abril 2016.

Se trata de un trayecto de dificultad fácil que da comienzo en la Ermita de Cabra y finaliza en Zuheros, en Córdoba. La distancia cubierta se situó en torno a los 17 km. Debe tenerse en cuenta que para la realización de este itinerario es preceptivo un permiso que se solicita en el Centro de Visitantes de Santa Rita.

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Al tratarse de una excursión que nos llevó fuera de nuestro enclave granadino, hubimos de desplazarnos al punto de inicio en autobús, contratado para la ocasión. Su conductor, en un alarde de pericia y valentía, nos llevó hasta casi la misma puerta de la ermita, ascendiendo por una carretera digna émula, en pequeño, de la Transfagarasan rumana.

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Carretera de acceso a la ermita

Desde este punto, además de poder visitar la propia ermita, tenemos varios miradores en distintas direcciones que nos permiten contemplar, entre otros lugares, el pueblo de Cabra.

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Entrada a la ermita de la Virgen de la Sierra

Comenzamos a descender por la carretera y tras dar una vuelta casi completa al montecillo localizamos la pista de tierra por la que vamos a deambular. En este punto nos encontramos con una puerta-valla de acceso en la que se nos advierte de la necesidad de permiso y, al menos este día, vimos un vehículo con un agente en su interior controlando el acceso, de modo que no olvidéis el permiso.

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Primera parte del camino. Pista de tierra.

Ya dentro de la Nava, el terreno llano da paso a una pradera verde jaspeada de cuando en cuando de amarillo (narcisos), blanco (ranúnculos) y violeta (erodium primulaceum).

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Narcisos
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Aguja de pastor (Erodium primulaceum)
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Ranunculos blancos

Pocos al principio, más numerosos según se avanza, encinas y quejigos asoman en el horizonte limpio y azul que tuvimos durante toda la mañana.

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Caminar por la zona no supone la menor dificultad y se disfruta de un paseo tranquilo y pausado en esta ocasión, que invita a la contemplación, el descanso y la tranquilidad.

Pronto llegamos a un puentecillo sobre un pequeño humedal, tal vez afluente del río Bailón. No estoy seguro.

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A mitad de camino, más o menos, un desvío nos ofrece visitar Las Chorreras. Lo cierto es que la «catarata» que uno podría esperarse por otras visitas, en esta ocasión no pasa de mero chorrillo de agua que apenas humedece parte de la pared de piedra. No obstante, ascendiendo por un lateral de la hondonada de la primera chorrera, se accede a algunos remansos con algo más de agua y a la segunda chorrera. Entran ganas de quedarse allí horas, escuchando el sonido del agua, algunos trinos de pájaro y nada más.

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Cartel indicador
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El grupo visto desde lo alto de la chorrera
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En la segunda chorrera
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El agua cae en hilillos, murmurando

Regresamos al desvío y continuamos en dirección al Cortijo Fuenfría, junto a la fuente que le da nombre.

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Continúa el plácido sendero

Antes habremos atravesado una zona más boscosa dominada por las encinas. Allí hacemos parada para comer y más tarde reanudamos el camino.

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¿Soy el único al que le parece inquietante este bosque?

En la parte final del trayecto vamos avanzando por un profundo cañón que deja cuevas misteriosas a un lado y otro de los acantilados que nos cercan. También esconde algunos asfódelos.

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Asfódelos
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Cueva

El seco cauce del río nos guía hacia el único promontorio que hay en toda la jornada, en realidad de poco desnivel, para desvelarnos una bella estampa al llegar a lo más alto: Zuheros, pueblo blanco engalanado por los restos de un castillo, llamado de Sujaira en tiempos árabes, y al que por deformación fonética debe su nombre el pueblo.

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A la derecha el cañón. Nosotros seguimos el camino indicado hacia lo alto
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Última parte del trayecto. Bajada a Zuheros

Queda poco de aquel baluarte, aunque no deja de impresionar cuando se contempla desde lo que en otro tiempo debió de ser su patio de armas, ahora una plaza.

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Una impresionante torre del antiguo castillo, sostenida por la piedra

Como se dice al principio, una excursión fácil y agradable, apta para cualquiera, casi toda llana o con muy ligero descenso.

Gracias a Angus, Victoria y Rafael por las fotos. También, de nuevo a Victoria, por su conocimiento botánico que ayuda a enriquecer este blog.

Venta del Molinillo – Majalijar

Excursión realizada el día 20 de marzo 2016.

Se trata de un trayecto de dificultad media que da comienzo y finaliza en la Venta del Molinillo, en la Sierra de Huétor. La distancia cubierta se situó en torno a los 20 km.

Debido a que se desarrollaron dos excursiones distintas, dado que el grupo se dividió, y a que las festividades han alargado mucho el momento de transcribir esta entrada, en esta ocasión voy a ser bastante breve en las descripciones y me limitaré a dejar constancia, más bien fotográfica, de lo acontecido.

La excursión se iniciaba en las ruinas de la Venta del Molinillo, al parecer antigua parada de los autobuses de la línea Granada-Guadix. A poco de andar encontramos la entrada al Cortijo de la Ermita.

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Entrada al Cortijo de la Ermita

Sigue una pista de tierra que se encuentra con otras ruinas, curiosas, del Cortijo del mismo nombre, también llamado el Palacio Árabe.

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Cortijo de la Ermita

No muy lejos de allí encontramos la fuente conmemorativa de Manolo el del Molinillo, recordado por sus habilidades como curandero.

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Desde aquí vamos a seguir un sendero que nos lleva hasta la Acequia medieval de Fardes, dejando por el camino agradables praderillas cercadas por enormes peñascos.

 

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Desde la abandonada acequia se ofrecen «balcones» desde los que poder contemplar el bosque que nos rodea y, a lo lejos, Sierra Nevada.

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Continuamos en dirección a la base del Majalijar.

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Allí nos separamos en dos grupos. Uno de ellos, conmigo entre sus integrantes, optamos por coronar la cumbre. El otro rodea la base.

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El duro ascenso
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Queda poco. Ya se aprecia el vértice geodésico.

Tras superar el desnivel y los neveros que se albergan cara al norte, toca disfrutar del momento e inmortalizarlo con algunas fotos.

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Rodeando la base también se encuentran parajes dignos de ser visitados.

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Los que subimos hasta la cumbre optamos por bajar hasta una pradera, no muy lejos de la acequia, en la que comemos, tomamos té, se saca la bota y alguno aprovecha para practicar su magnífica dicción inglesa con la palabra «squirrel». Suena extraño, lo sé, pero prometí dejar constancia del hecho.

Recuperamos el camino y llegamos a la Acequia. El tiempo va empeorando poco a poco y toca apresurarse un poco.

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Las nubes a la izquierda van avisando de lo que se avecina

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Y así, siguiendo el curso, esta vez con agua, de la acequia, llegaremos finalmente al lugar en el que había iniciado el trayecto, regresando por el mismo sitio hacia los coches.

Aprovecho, como siempre, para agradecer las fotografías que he tomado de Pedro Pedrosa, Angus y Rafael.

Busquístar – Juviles

Excursión realizada el día 13 de marzo 2016.

Se trata de un trayecto de dificultad media que da comienzo en Busquístar y finaliza en Juviles, ambos pueblos de la Alpujarra granadina. La distancia cubierta se situó en torno a los 17 km.

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El itinerario que seguimos en esta ocasión transcurre por la llamada Ruta medieval de la Alpujarra, que daría comienzo en Pórtugos, aunque nosotros comenzamos la andadura a partir de Busquístar. Se trata de un sendero con mucha solera como nos recuerda su nombre, transitado por las gentes que habitaban la zona en época árabe. ¿Quién sabe si por estos lares hubo tal vez algún lance militar entre los moriscos sublevados en las Alpujarras y las huestes de Don Juan de Austria? Algunos indicios encontramos al respecto y no debe olvidarse que la toma del castillo de Juviles fue el punto final al conflicto.

Poco después de dejar el pueblo de Busquístar empezamos a descender en dirección al río Trevélez, cobijado entre peñas y barrancos. En algunos tramos fluyen aguas «ferruginosas» que tiñen de ocre su carrera.

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Toda esta parte del camino se realiza fácilmente entre bajada y llano hasta llegar al puente que cruza el río. Es el llamado Sendero del Helechal, un nombre que no puede dejar de hacer sonreír a todo tolkieniano, como el autor de esta entrada.

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Ha de tenerse cuidado al cruzar el mismo porque tiene por un lado una especie de cerca de alambres de factura endeble e inmediatamente después, un alambre de espino que lo cruza a la altura del pecho.

Comenzamos ahora a subir la escarihuela que asciende hasta el portichuelo de Cástaras. A quién le guste la lengua no puede dejar de disfrutar con la conservación en estos topónimos geográficos de los desusados sufijos despectivos en -uelo/a.

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La subida va ganando desnivel y pasado un cortijo desvencijado cada vez se hace más pronunciada, exigiendo cierto esfuerzo coronarla.

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Cortijo abandonado subiendo la escarihuela

Una vez en lo alto tenemos unas interesantes vistas hacia el valle del río que acabamos de remontar. No muy lejos, hacia la derecha, se aprecia un puesto forestal. Por lo demás, tenemos un cruce de carreteras que atravesamos, para continuar hacia nuestro siguiente destino: Cástaras.

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Apenas se aprecia, pero hay un puesto forestal en el montículo central

Volvemos a descender y pasamos junto a los restos de un túnel, que conoció el trasiego de las vagonetas mineras en tiempos no tan lejanos. Hoy día resulta un solitario e insólito accidente en medio de la nada. Remontándonos mucho más atrás, por estas mismas zonas se cuenta que acamparon las huestes cristianas en la última fase de la guerra contra los moriscos.

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Llegamos pronto al Barrio Alto de Cástaras, apenas un puñado de casas blancas, y seguimos nuestra ruta bordeando el pueblo de Cástaras propiamente dicho. En esta parte del camino se ofrecen unos bonitos miradores.

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Cástaras

Finaliza el descenso y se continua llaneando en dirección este, por el llamado Caminillo Viejo. Pasaremos cerca de los restos de la mina de Mancilla, algunas construcciones y chimeneas casi demolidas por el tiempo y el agujero en la tierra que nos recuerdan aquella época de finales del XIX en la que la Sierra fue horadada por aquí y por la zona de Güejar Sierra.

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Recorremos desde ese momento un tramo de carretera que nos conduce al acogedor pueblo de Nieles.

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Desde allí se inicia el último tramo de la Ruta medieval. Tenemos que tomar el desvío que pasa por el antiguo lavadero y desde ahí bajar hasta la rambla de Nieles. Desde ahí toca ascender hasta alcanzar la Acequia de Lobrasán. Si bien el camino está bastante bien señalizado durante todo el trayecto, es en esta parte donde aconsejo más cuidado y atención para no desviarse, porque los indicadores de la ruta se encuentran algo más desperdigados y escondidos.

Siguiendo a partir de ese momento el sendero de la acequia (de cuando en cuando asoman ruedas de metal amarillento del suelo) se llega a una carretera de cemento que remonta con fuerza hasta una alberca antiquísima, no muy lejos de Tímar. No acaba aquí el duro ascenso, porque al llegar al pequeño cementerio de la localidad, casi pegado a los restos de la mina de mercurio de La Retama, tomamos el camino empinado que se dirige a Juviles.

Y por fin llegamos a este pueblecillo cuyo nombre nos trae a la mente el jamón y el vino.

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Iglesia de Juviles

La tranquilidad del lugar permite a los gatos enseñorear incluso la carretera principal donde un ¿persa? ¿maine coon? con aire de pirata vividor y enfurruñado, mira desafiante a los recién llegados.

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Aquí nos espera nuestro autobús para regresar a Granada y se pone punto final a la excursión. Aquellos que deseen conocer más sobre esta bonita ruta les recomiendo la visita de la web que le dedican desde la Mancomunidad de Municipios de la Alpujarra granadina, que abunda en información y explicaciones, algunas de las cuales he utilizado para redactar esta entrada. Aprovecho igualmente para agradecer a Rafael el track de la ruta (las dos primeras fotos).

Cuevas de Nerja – Frigiliana

Excursión realizada el día 21 de febrero 2016.

Se trata de un trayecto de dificultad media que da comienzo en el aparcamiento de las Cuevas de Nerja y finaliza en Frigiliana. La distancia cubierta se situó en torno a los 17 km.

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Después de tener que cancelar la anterior excursión debido a las condiciones climatológicas (y no será que no lo intentamos, pero ¡qué manera de llover!), este domingo retomamos el calendario y partimos a Málaga. En concreto a las inmediaciones de Nerja, junto a las famosas Cuevas, lugar desde el que da comienzo este itinerario.

En primer lugar se toma una pista de tierra en dirección norte, que deja a la izquierda, en paralelo, el barranco del río Chíllar. Los primeros coletazos de la primavera se dejan ver por la zona y el suelo se halla atestado de procesionarias, por lo que hay que ir con cuidado. También, aquí y allá, algunas flores comienzan a dar señales de color entre el pinar y los espinos. La más talluda y llamativa quizá, el asfodelo, que se yergue en los lados del camino de cuando en cuando.

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Ascendiendo por la pista
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Peligro, procesionarias

El camino tiene un desnivel relativamente pequeño pero constante, en torno a 5 kilómetros en los que se va en constante ascenso, hasta llegar al área recreativa del Pinarillo, un lugar ideal para hacer un pequeño descanso y que imagino bien lleno en época estival.

frigiliana03_1Desde este punto seguimos en dirección a la Fuente del Esparto que se encuentra relativamente cerca. Se puede llegar por dos caminos diferentes. La mayoría optamos por el que suponía no desandar luego parte del sendero, más en dirección norte y en ascenso, aunque otros compañeros eligieron la salida desde el área recreativa que discurre hacia el noroeste en ligero descenso.

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frigiliana08La mañana había avanzado y el sol en el cielo hacía lo posible por dejarse ver pero el día resultaba bastante extraño, debido a una nube inmensa de polvo que cubría buena parte de la península, de modo que si bien lo que se tenía cerca se apreciaba con nitidez, cuando se dirigía la mirada hacia las montañas o desfiladeros lejanos todo se apreciaba gris y difuminado, haciendo muy difícil fotografiar los paisajes. De ahí que en este post haya pocas fotos sacadas a gran distancia.

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Las montañas en lontananza, se difuminan por el efecto de la nube de polvo
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Foto del astronauta Tim Peake @astro_timpeake de la nube sobre la península.

Dejando la fuente atrás nos acercamos a la etapa que a mí más me gustó. El paseo por la antigua acequia. Antes de llegar al inicio del mismo hay un desvío que permite bajar hasta el río y recuperar el sendero al otro lado. Hay que tener en cuenta que el estado de conservación de algunos tramos de la acequia es deficitario y si bien, yendo con cuidado, no debe haber ningún peligro, quienes prefieran un paseo más seguro es mejor que desciendan.

La acequia discurre pegada a la montaña, en numerosas zonas con el agua clara a la vista (un magnífico ejemplar de sapo nadaba por ellas) y en otras cubierta. En algunos tramos tiene una especie de barandilla, en realidad apenas un alambre cogido a barras de hierro de cuando en cuando. Al otro lado del barranco se divisan impresionantes acantilados. Las siguientes fotos pueden dar cuenta de cómo es el lugar.

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frigiliana07Para los que opten por el descenso el panorama también es interesante. El río Chíllar por la zona baja límpido y fresco e invita a la parada y la contemplación.

frigiliana09Desde cualquiera de los dos puntos vamos a dirigirnos hacia el oeste, elevándonos una vez más. Estamos entonces en la Sierra de Enmedio y si el día hubiera acompañado, habríamos podido contemplar el mar y los picos de alrededor.

Tras la comida continuamos, esta vez descendiendo ligeramente hacia el suroeste y el sur hasta encontrarnos con el Higuerón. Siguiendo su curso y disfrutando de los imponentes cahorros vamos acercándonos a Frigiliana.

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Vista de Frigiliana desde la cuesta del este

Ya casi estamos. Una cuesta muy pronunciada justo al final del camino es el último escollo antes de llegar a este bonito pueblo de casas blancas, empedrado cuidado, puertas coloridas y un vino dulce reconocido. Merece la pena pasear por sus calles y gastar tiempo en leer sus azulejos historiados acerca de la época morisca.

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frigiliana13Habrá que repetir un día que colabore algo más el sol y, a ser posible, en época de vendimia 🙂

Nota: Las fotos de esta entrada, exceptuando la última que es mía, pertenecen a Rafael, Angus, Padial y Tim Peake. La batería de mi cámara decidió no participar en esta ocasión.

Herrerías – Río Vadillo – Vereda de la Estrella

Excursión realizada el día 7 de febrero 2016.

Se trata de un trayecto de dificultad media alta que da comienzo en la antigua parada del tranvía de Maitena, cerca de Güejar Sierra y termina en el mismo punto. La distancia cubierta se situó en torno a los 22 km.

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(Nota: el itinerario y el perfil de la ruta de las dos imágenes anteriores no incluye toda la parte cubierta desde la Cuesta de los Presidiarios hasta el Refugio del Calvario o la Cucaracha y el posterior regreso y descenso por el antiguo sendero. Aprovecho para agradecer a Rafael que lo ponga a nuestra disposición todas las semanas).

Eran casi las 9 de la mañana y la excursión prevista presentaba algunas dificultades que había que afrontar. La primera era la noticia de que estaba cortado el sendero que lleva hasta el Barranco de San Juan, lugar en el que solemos dejar los coches y desde el que daba inicio la caminata. Por otro la lluvia caía con insistencia.

El primer problema se resolvió fácilmente iniciando la ruta en la zona del Maitena, antigua parada del tranvía y, actualmente, merendero. El segundo problema que en realidad no era tal pues íbamos bien pertrechados, en cualquier caso se fue disipando a lo largo del día.

Como digo la excursión dio inicio junto al Maitena y nada más comenzar encaramos una subida pronunciada de unos 300 metros que nos elevó rápidamente hasta el Cortijo de la Viña en primer lugar, y hasta el Corral de la Viña, algo después.

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Cortijo de la Viña
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La niebla poco a poco se va alejando
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Corral de la Viña
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Interior del Corral. Se desaconseja entrar dado que el suelo puede hundirse

La subida nos hizo entrar en calor y la lluvia desapareció, de modo que nos deshicimos de chubasqueros y seguimos ganando altura.

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Atrás se aprecia el Corral de la Viña y, a lo lejos, Güejar Sierra

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Por aquí y por allá se van encontrando las ruinas de viejos cortijos

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Una bandada de grajos dibuja figuras en el aire mientras nos chillan

Según se acerca el mediodía la temperatura mejora y el sol se hace hueco entre las nieblas y las nubes. Es entonces cuando avistamos Las Herrerías, otra zona de explotación y vivienda en plena sierra, abandonada, que al parecer debe su nombre a la extracción que se hizo en la zona de mineral de hierro. Aún se puede apreciar un horno en la parte de atrás y algún hoyo en las cercanías, estos últimos para conservar la patata, que por aquel entonces incluía la variedad «copo de nieve», que algunos intentan ahora recuperar (Noticia de El Ideal).

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Herrerías

Tras escuchar las noticias sobre la zona y la vida en el lugar a cargo de esa fuente inagotable de conocimientos que es Juan Manuel, continuamos la marcha.

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Aunque a bastante altura y subidos a lo que creo que se llama Los Barrancones, continuación de Loma Las Cunas, vamos siguiendo más o menos paralelo el camino que lleva al Barranco de San Juan. Pronto destacan a lo lejos los picos prominentes de Sierra Nevada, que tras la lluvia de la noche parece haber cogido algo de nieve.

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Parada para desayunar y contemplar el paisaje

Más adelante comenzamos a escuchar los ladridos de un enorme y bien bregado perro pastor, que organiza el trotar de un rebaño de ovejas.

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Encontramos algunos carteles que nos indican que vamos perfectamente hacia nuestro próximo punto: El cruce del río Vadillo.

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El cruce se realiza por un puente hecho con cuatro troncos más bien delgados, pelados y unidos, que invitan a la prudencia. Acto seguido remontamos altura al cambiar de loma, esta vez la del Calvario. No mucho después alcanzamos la Cuesta de los Presidiarios en su tercio final y más alto. Como dije al principio, en este punto algunos continuamos hasta el refugio llamado popularmente «de la Cucaracha», si bien la descripción del recorrido que hay en las dos primeras imágenes corresponde a la bajada desde ese lugar al Puente del Burro y regreso.

En el refugio comimos. Tuve la fortuna de ver, mientras paseaba alrededor en silencio, una escurridiza ardilla, de orejas peludas, muy quieta ella como queriendo pasar desapercibida, a la espera de que ese pesado humano se largue de una vez.

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«No necesitas ver mi identificación. Esta no es la ardilla que estás buscando. Sigue tu camino»

Desde aquí, en vez de regresar por el mismo sendero que nos había traído, elegimos bajar por el antiguo, uno totalmente perdido después de años de desuso. Parte desde el lado oeste de la verja que protege el complejo de la entrada de animales. Si no conoces muy bien la zona es desaconsejable intentar esta opción (preferible desandar el camino hacia la Cuesta de los Presidiarios).

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El antiguo sendero de bajada

Tras mucho pelear para seguir esta vía llegamos a una zona algo más asequible y finalmente conectamos con la parte baja de la Cuesta de los Presidiarios. Desde ahí se pasa el Puente del Burro y se asciende hasta la vereda de la Estrella.

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Puente del Burro
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El Río Genil a la altura del Puente del Burro

Y lo que son las cosas. Un día de ver especies animales tan diversas nos trajo un regalo final en la propia Vereda de la Estrella. Dos borriquillos iban por allí, aparentemente sin guía ni dueño, y se cruzaron con nosotros, dejándose acariciar mientras comían hierba y seguían avanzando.

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¿Buscando su puente? No estaba muy lejos, la verdad 🙂

El sendero es un viejo conocido de cualquier excursionista granadino y hemos tenido ocasión de comentarlo en alguna otra entrada. Se deja atrás el Abuelo, se alcanza El Mesón Barranco de San Juan y desde ahí se sigue el antiguo camino del tranvía hasta llegar al Maitena.

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Restos del antiguo camino del tranvía
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Aquí pudimos encontrar el corte por desprendimientos del que habíamos tenido noticia. En principio no afecta al tránsito de senderistas. Tan solo a los que quieran llegar en coche al Barranco de San Juan.

En fin, de esas ocasiones en que un día comienza con dudas y termina satisfactoriamente.

Mata Bejid -Escaleruela – Castillejos

Excursión realizada el día 31 de enero 2016.

Se trata de un trayecto de dificultad media que da comienzo y termina en el centro de visitantes de Mata Bejid (Jaén). La distancia cubierta se situó en torno a los 18 km.

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Para variar un poco en esta ocasión nos alejamos de Granada y damos el salto a nuestra vecina Jaén para disfrutar de un paraje encantador: Sierra Mágina.

La excursión da comienzo en el centro de visitantes de Mata Bejid, algo más avanzada la A-301 tras pasar la localidad del mismo nombre. El domingo en el que fuimos nosotros se encontraba el lugar completamente solitario. El edificio cerrado y el silencio de la zona solo roto por nuestras conversaciones. El suelo daba cuenta del frío de la noche ya acabada pues se encontraba lleno de escarcha. No obstante salía ya el sol que nos acompañó todo el día. Echamos a caminar.

Tomamos el sendero que parte hacia el este hasta llegar a un conjunto de chozas, restos de la vida pastoril de la zona. Desde ahí enfilamos en dirección nornoreste.

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Escarcha sobre la madera y el suelo al comienzo de la excursión.

Debe advertirse que la dificultad expresada al comienzo de la entrada se refiere al trayecto en cuanto a exigencia física, condiciones de los senderos y distancia. No obstante hay otro elemento a tener en cuenta que es la escasa señalización del camino que vamos a seguir. Se recomienda utilizar algún tipo de tracker por GPS para evitar perderse o dejar de ver algunos de los hitos del paseo, en especial las cuevas.

Seguimos. En este tramo comienza una ascensión asequible, no demasiado empinada, que nos lleva por un sendero cercado por el bosque mediterráneo, especialmente pinos a los que pronto van dando relevo las encinas. En un lado del sendero hay una hondonada en la que se esconde una grieta que da a una sima a la que algunos nos asomamos un poco.

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Hondonada. La zona oscura es el agujero de la sima.

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No mucho después acaba esta primera parte de ascenso y llegamos a una zona de suelo arcilloso y rodeada de árboles centenarios. Al parecer se llama Hoyo de los Nevazos. Debo decir que esta excursión es un sueño para los tree-huggers (tendencia latente en el autor de este post), o por decirlo de modo menos socarrón, para todo el que ame la botánica y en especial los árboles. Los esplendorosos ejemplares de encina y quejigo que allí se contemplan, de muy rugoso y grueso tronco y grandioso perfil, llaman poderosamente la atención.

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Quejigo I, Señor de la Explanada 🙂

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El paisaje en general nos trae a la mente una dehesa a la que solo le faltan los gorrinos correteando (y señales hay del paso al menos de jabalíes).

El sendero que seguimos se junta con una pista de tierra durante un corto trecho, a la que tendremos que volver en el regreso. Salimos de ella hacia la derecha para alcanzar una fuente con forma de abrevadero escalonado, de la que mana agua muy fresca. Su nombre, tan sonoro como irreverente, tiene varias etimologías populares. Aquí dejo una de ellas.

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Desde aquí nos elevamos de nuevo, paso a paso, alcanzando la llamada Escaleruela, unas formaciones rocosas que cercan el sendero de ascenso y lo llenan de falsos escalones.

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Pico Mágina.

En esta zona se alcanza la máxima altura prevista para la excursión. Se disfruta de muy buenas vistas y si hay suerte tal vez se detecte algún gran ave (hay por la zona águilas reales o chiveras). Tampoco será raro encontrarse con ovejas huidizas. Al frente, dirección oeste, el Almadén y sus característicos repetidores. En dirección noreste, el Mágina.

Algunos de los excursionistas decidimos subir algo más, hasta las faldas del pico Mágina. Monte arriba siguen fascinando las encinas, aferradas a cualquier saliente entre las erosionadas piedras calizas.

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Tope de altura alcanzado en esta ocasión.

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Ahora toca descender con cuidado para reencontrarnos con el resto del grupo junto a la fuente. Desde ahí tomamos la pista de tierra de nuevo y la seguimos con calma, disfrutando del día cada vez más cálido y del paisaje que nos rodea. Dejamos a un lado ruinas de algún antiguo cortijo y un cartel que nos cuenta sobre los avatares de la zona.

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Más adelante se asomarán los restos del castillo de Mata Bejid o Begid.

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Restos del castillo a vista de bruja. Al fondo algunos aprovechan para danzar en la explanada adyacente.
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Una de sus maltrechas torres.

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En este lugar aprovechamos para descansar, comer y disfrutar de la contemplación de la zona. Según me enteré buscando información el lugar presume de bruja voladora y acrobática, avistada al parecer por algunos durante las noches de verano, escoba en mano y gorro al viento. La llaman la Bruja de Cambil o la Bruja del Castillejo y si tengo tiempo investigaré sobre el tema.

Nosotros abandonamos el lugar y seguimos cada vez más hacia el sur. En un momento dado nos salimos del carril para empezar a ascender en busca de una escondida oquedad de gran tamaño llamada Cueva Tocinos. Ya adelanto que encontrarla no fue nada fácil, aunque mereció la pena el empeño.

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Alcancé a bajar hasta un punto que me pareció seguro pero no descendí más, aunque se vislumbraba un agujero en un lateral del suelo. Desde ahí hice las dos fotos anteriores en la que se aprecia un poco la profundidad.

Por si todo lo visto fuera poco, aún nos quedaba, ya de regreso, otra cueva más. Cueva de la Solana se llama. Es pequeña y está muy escondida (con track y todo, indicando 40 metros de distancia, no conseguíamos dar con ella). En su interior hay pinturas que imitan el arte rupestre, especialmente el levantino.

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Pseudo-damas del Cogul en Cueva de la Solana.

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El final de la excursión se acerca. Cada vez nos encontramos más cerca del centro de visitantes. El sendero se hace difícil y nos empuja casi hasta la carretera, pero con cuidado y tenacidad se llega hasta la meta.

Una excursión preciosa en la que no me puedo creer que no nos cruzáramos con nadie en absoluto.

Como siempre, agradezco la puesta a disposición de las fotos por parte de todo el grupo. En este post he incluido algunas de Rafael y creo que de Angus.