Excursión realizada el día 31 de enero 2016.
Se trata de un trayecto de dificultad media que da comienzo y termina en el centro de visitantes de Mata Bejid (Jaén). La distancia cubierta se situó en torno a los 18 km.
Para variar un poco en esta ocasión nos alejamos de Granada y damos el salto a nuestra vecina Jaén para disfrutar de un paraje encantador: Sierra Mágina.
La excursión da comienzo en el centro de visitantes de Mata Bejid, algo más avanzada la A-301 tras pasar la localidad del mismo nombre. El domingo en el que fuimos nosotros se encontraba el lugar completamente solitario. El edificio cerrado y el silencio de la zona solo roto por nuestras conversaciones. El suelo daba cuenta del frío de la noche ya acabada pues se encontraba lleno de escarcha. No obstante salía ya el sol que nos acompañó todo el día. Echamos a caminar.
Tomamos el sendero que parte hacia el este hasta llegar a un conjunto de chozas, restos de la vida pastoril de la zona. Desde ahí enfilamos en dirección nornoreste.

Debe advertirse que la dificultad expresada al comienzo de la entrada se refiere al trayecto en cuanto a exigencia física, condiciones de los senderos y distancia. No obstante hay otro elemento a tener en cuenta que es la escasa señalización del camino que vamos a seguir. Se recomienda utilizar algún tipo de tracker por GPS para evitar perderse o dejar de ver algunos de los hitos del paseo, en especial las cuevas.
Seguimos. En este tramo comienza una ascensión asequible, no demasiado empinada, que nos lleva por un sendero cercado por el bosque mediterráneo, especialmente pinos a los que pronto van dando relevo las encinas. En un lado del sendero hay una hondonada en la que se esconde una grieta que da a una sima a la que algunos nos asomamos un poco.

No mucho después acaba esta primera parte de ascenso y llegamos a una zona de suelo arcilloso y rodeada de árboles centenarios. Al parecer se llama Hoyo de los Nevazos. Debo decir que esta excursión es un sueño para los tree-huggers (tendencia latente en el autor de este post), o por decirlo de modo menos socarrón, para todo el que ame la botánica y en especial los árboles. Los esplendorosos ejemplares de encina y quejigo que allí se contemplan, de muy rugoso y grueso tronco y grandioso perfil, llaman poderosamente la atención.

El paisaje en general nos trae a la mente una dehesa a la que solo le faltan los gorrinos correteando (y señales hay del paso al menos de jabalíes).
El sendero que seguimos se junta con una pista de tierra durante un corto trecho, a la que tendremos que volver en el regreso. Salimos de ella hacia la derecha para alcanzar una fuente con forma de abrevadero escalonado, de la que mana agua muy fresca. Su nombre, tan sonoro como irreverente, tiene varias etimologías populares. Aquí dejo una de ellas.
Desde aquí nos elevamos de nuevo, paso a paso, alcanzando la llamada Escaleruela, unas formaciones rocosas que cercan el sendero de ascenso y lo llenan de falsos escalones.

En esta zona se alcanza la máxima altura prevista para la excursión. Se disfruta de muy buenas vistas y si hay suerte tal vez se detecte algún gran ave (hay por la zona águilas reales o chiveras). Tampoco será raro encontrarse con ovejas huidizas. Al frente, dirección oeste, el Almadén y sus característicos repetidores. En dirección noreste, el Mágina.
Algunos de los excursionistas decidimos subir algo más, hasta las faldas del pico Mágina. Monte arriba siguen fascinando las encinas, aferradas a cualquier saliente entre las erosionadas piedras calizas.
Tope de altura alcanzado en esta ocasión.
Ahora toca descender con cuidado para reencontrarnos con el resto del grupo junto a la fuente. Desde ahí tomamos la pista de tierra de nuevo y la seguimos con calma, disfrutando del día cada vez más cálido y del paisaje que nos rodea. Dejamos a un lado ruinas de algún antiguo cortijo y un cartel que nos cuenta sobre los avatares de la zona.
Más adelante se asomarán los restos del castillo de Mata Bejid o Begid.


En este lugar aprovechamos para descansar, comer y disfrutar de la contemplación de la zona. Según me enteré buscando información el lugar presume de bruja voladora y acrobática, avistada al parecer por algunos durante las noches de verano, escoba en mano y gorro al viento. La llaman la Bruja de Cambil o la Bruja del Castillejo y si tengo tiempo investigaré sobre el tema.
Nosotros abandonamos el lugar y seguimos cada vez más hacia el sur. En un momento dado nos salimos del carril para empezar a ascender en busca de una escondida oquedad de gran tamaño llamada Cueva Tocinos. Ya adelanto que encontrarla no fue nada fácil, aunque mereció la pena el empeño.
Alcancé a bajar hasta un punto que me pareció seguro pero no descendí más, aunque se vislumbraba un agujero en un lateral del suelo. Desde ahí hice las dos fotos anteriores en la que se aprecia un poco la profundidad.
Por si todo lo visto fuera poco, aún nos quedaba, ya de regreso, otra cueva más. Cueva de la Solana se llama. Es pequeña y está muy escondida (con track y todo, indicando 40 metros de distancia, no conseguíamos dar con ella). En su interior hay pinturas que imitan el arte rupestre, especialmente el levantino.

El final de la excursión se acerca. Cada vez nos encontramos más cerca del centro de visitantes. El sendero se hace difícil y nos empuja casi hasta la carretera, pero con cuidado y tenacidad se llega hasta la meta.
Una excursión preciosa en la que no me puedo creer que no nos cruzáramos con nadie en absoluto.
Como siempre, agradezco la puesta a disposición de las fotos por parte de todo el grupo. En este post he incluido algunas de Rafael y creo que de Angus.
hola.miguel estupendo los comentarios y estupendo lo que haces …
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Gracias a ti por las fotos y especialmente el track, que verás que siempre te lo copieteo :), aparte de por los buenos consejos acerca del cuidado de la cámara.
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